Por Dani Zelko

En “la política y el goce y el fantasma de la publicidad,“ Yannis Stavrakakis dice que el hombre se propone satisfacer un deseo a través de un-objeto-de-deseo-que-no-es-deseo-en-sí. dice que a ese objeto lo envuelve un fantasma. el fantasma es la ensalada de razones por las que creemos que un objeto puede saciar un deseo, y es el encargado de que nuestras pulsiones lleguen a cada uno de nuestros átomos. que se vuelvan singular. instinto. sexo. poder. y si la pulsión es lo que nos manda a buscar lo que queremos, no sería este fantasma un gran gerente de marketing? de movimiento: el deseo es insaciable, el placer se busca el goce se consigue.
leo esto y me encanta
me hace pensar en la obra de morsh
pero no es la obra de morsh
y no es lo que yo quiero decir
lo que quiero decir
es que cuando un pucho se apaga querés seguir fumando y te prendés otro
que si caminar es atenuar desequilibrios
consumir es envolver ausencias
y esas ausencias dejan canciones
fantasmas
globos
que nuestras palabras se aman
y nuestras cosas se aman
y lo que queda de nosotros sigue siendo dos personas
que lo artesanal y lo industrial
fueron opuestos
y ahora son aliados
(enemigo une galanes)
toc toc!
quién es?
tu cuerpo

Dani Zelko - 6.2016/ Buenos Aires, Argentina.

Por Jimena Brescia

La atmósfera fetichista atrapa el espíritu. Los banners de Marina Páez-Morsh como prueba de nuestra pulsión o como rastro de nuestra anestesia. La energía escorpiana tiñe la sala de rosa chicle. Rosa devorador. Que no permite otra acción que la de masticar texturas gomosas."
"Se desciende. La ansiedad parece aplacarse. La instalación de Roma Blanco, es el resultado de un viaje físico y espiritual. Pastillas de remedios con curas occidentales dejan la huella de la acción que comienza a desdibujarse en los bordes tan confusos de las confluencias.

Reseña de Jimena Brescia sobre "Cuando el pensamiento se vuelve forma" para Ramona. 6.2016 / Buenos Aires, Argentina.

Por Martina Mordau

La obra de MORSH nos sitúa en el territorio de la sexualidad. Un extenso terreno de experimentación, en el que se ponen en contacto piel, caricias, fantasías, carne, placer, libertad, posesión, entrega y poder. Una escena en la que salen a jugar los diversos personajes que llevamos dentro para encontrarse e interactuar con las fantasías de un otro. Un momento de urgencia en el que es inevitable que los cuerpos se rocen y se fundan. Un paisaje de ritmos variables y sugestivos.

MORSH renuncia a los estereotipos de la sexualidad para articular un lenguaje en el que construye sus propios íconos. Para esto combina materiales industriales como vinilo, leds, plástico, lycra y dispositivos mecánicos con materiales orgánicos como la madera, la cerámica y el cabello; configurando así un universo de formas sintéticas y acabados industriales en el que conviven en tensión dinámica lo duro y lo blando; la cercanía y la distancia; la tensión y la distención; lo cálido y lo frío.

La creación artística es un proceso en el que MORSH filtra, ordena y reflexiona sobre sus propias experiencias. La multiplicidad de heterogéneos estímulos entre los que habita la artista aparecen en su obra depurados, simplificados, suspendidos en un momento eterno, absoluto: en el tiempo del éxtasis.

Su obra es un estímulo que pone en movimiento la imaginación erótica; se nos ofrece como materia prima de fantasías aún indeterminadas, aún invisibles, pero existentes y listas para advenir al menor contacto.

Whitman escribió: “El sexo todo lo contiene: cuerpos, almas,
significaciones, pruebas, purezas, delicadezas,
resultados y anunciaciones.
Sin rubor la mujer que amo sabe y pregona lo deleitable de su sexo”, sin dudas, esa mujer podría ser MORSH.

Martina Mordau - 09.2014 / Buenos Aires, Argentina

Por Mariel Breuer

Morsh pone al placer sexual en un ámbito de juego casi infantil en sus obras.
Lo primero que hay que decir es que no hay material ni proyecto que la frene.
Lo segundo que hay que decir es que ¡ella es osada! Desde inflables gigantes hasta chocolatines que se derriten entre los dedos, todos su personajes tienen alguna exuberancia.
Un chancho se tira pedos de burbujas, a una muñeca le giran los pechos u osos tetones.
Podríamos decir que su estética no es porno o erótica si no más bien sexy-psicodélic.

Mariel Breuer - 11.2014 / Buenos Aires, Argentina.

Por Clara Díaz

Marina Páez nace en Buenos Aires donde vive y trabaja. Estudió danza, fotografía, kung-fu, Diseño Industrial en la UBA y Artes Visuales en el IUNA, donde obtuvo la licenciatura en Bellas Artes.
Como Willy Wonka soñó con tener su propia fábrica: montó la empresa en el medio de su hogar. Ella es dueña y empleada, todo a la vez.

Además de sus inflables que ocupan todo el espacio, también hay series de pasteles con formas de ositos, pinturas, collages de pompones en cajas acrílicas, y un chancho cubierto en piedras que despide burbujas por un "agujerito".

Un vistazo a este taller es tan parecido como hacerlo a una juguetería de piezas sin envoltorios ni packaging. Aquí no hay rastros de las manos que las hizo.

Esta serie de objetos no fue pensada para saborearse en un sentido literal, pero sí con la mirada; porque la primera impresión que causan es la de un torrente de glucosa, similar a cuando estalla el almíbar de un chicle en la boca.
La apariencia de goma, caramelo y las imágenes de jugueteo sexual son pantalla de una escena porno de la juguetería, no al estilo sex-shop, sino más bien a extractos de una película condicionada de los pini-pons.
Las piezas que en cambio no poseen un relato explícito provocan desde su materialidad excitante y táctil.

Pienso también en los tamagochis, en esos diminutos juguetes virtuales que hay que cuidar a botones para mantenerlos funcionando, como si en madeio de todas sus tareas diarias una tecla se hubiese quedado trabada y no pudiesen para su mecánica tarea.
Una instántanea triple XXX de éste "jardín de las delicias", azucarado, vinílico y serial.

Clara Díaz, 12.2013 / Buenos Aires, Argentina.